[ 17-04-2014 ]
Cuando Antonio Machado llegó a Soria como profesor de francés decidió a hacer una excursión a la Laguna Negra acompañado de un pastor que, además de hacer de guía, ilustraría con leyendas la visita del poeta: sus aguas negras sin fondo que llegaban hasta el mismo infierno, los seres monstruosos que vivían en ella, la condena fulminante y espantosa que caería sobre todo aquel que se atreviese a violar sus aguas... Así esta laguna soriana adquirió notoriedad al ser el escenario donde Machado ubicó su obra Los Hijos de Alvargónzalez. Hoy en día se sabe que su profundidad es limitada y que las criaturas más grandes que la habitan son las truchas y los barbos, sin embargo, los numerosos estudios a los que ha sido sometida no le han hecho perder el halo de misterio que la envuelve y que la mantiene viva como leyenda.

La Laguna Negra se ubica a 1.780 metros de altitud, al sur del Pico de Urbión, perteneciente a la sierra del mismo nombre. Se trata de un depósito de agua de origen glaciar, rodeada por iun bosque de pinos, hayas y helechos que se integra en las paredes rocosas. El agua de la laguna es cristalina y apta para el baño, pero el efecto del reflejo oscuro de la piedra le confiere un tono oscuro que la torna misteriosa. Desde la laguna el caminante puede subir al Pico y después bajar visitando lentamente las fuentes del Duero, en las que puede ver el nacimiento del río si la nieve no lo tapa, las lagunas Larga y Helada y dejarse caer por la cara más agreste de este lugar plagado de historias mágicas.
Desde las espectaculares vistas de las cumbres de Urbión, la Península entera parece al alcance de los ojos.
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